domingo 8 de marzo de 2009

FRANCIS BACON


Por Jorge Jofre

Alcohol, juego y obsesiones vinculadas al horror y lo siniestro alcanzan medianamente para definir la personalidad de Francis Bacon; pero no bastan para calificar la obra de un artista que criticó con dureza a la sociedad que le tocó vivir.


Es sabido que Francis Bacon se mostró en ciertos momentos de su vida como un jugador compulsivo. “me gusta el ambiente de los casinos” expresó en una entrevista. Le apasionaba la ruleta y jugaba mucho dinero en un casino cercano al Soho. Como muchos creadores también supo relacionarse con el alcohol. Bebía copiosamente pero no eligió como el poeta galés Dylan Thomas morir bebiendo 18 whiskies dobles.
Desde su inauguración en 1949, el artista asistía por las tardes al Colonial Room Club; un lugar plagado de fuertes bebedores, muchos de los cuales se vieron plasmados en sus célebres retratos de los años ‘60. En Bacon, a diferencia de Thomas, el vicio nunca superó al hombre y especialmente al artista que llevaba dentro. El afirmaba que: “en lo que se refiere a mi vida me dejo llevar. Voy de bar en bar y todo eso “. Pero jamás se alejó de la creación.
Tal vez el vicio por las imágenes fue más fuerte en Bacon que el juego o el alcohol. El pintor estuvo durante mucho tiempo obsesionado por la imagen del “Retrato de Inocencio X “de Velásquez. Siempre se refería a esa obra como “…uno de los más grandes retratos que se hayan hecho jamás…una obra por la que siempre fui obsesionado”. Bacon compró un libro después de otro con reproducciones de ese cuadro y en 1953 produjo su famoso “Estudio del Retrato de Inocencio X de Velásquez”. En este estudio, el Papa, abre su boca como quien profiere un grito poderoso; se observan los perlados dientes y las oscuras fauces. Curiosamente aún de visita en Roma siempre evitó ver la obra original de Velásquez.
Llamativamente sus obsesiones son contradictorias. Pese a su apasionada relación con la imagen de Inocencio X, el artista declarará: “ Creo que Velásquez pensaba registrar la vida de la corte y la de ciertas personas…pero hoy un artista verdaderamente válido estaría obligado a burlarse de un tipo de pintura semejante. Sabe que esta situación particular podría ser narrada en una película; así este aspecto de su actividad ya fue sustituida por otra…”.
El coleccionismo de fotografías era en un referente fundamental de su pintura: “Cualquier fotografía te puede sugerir imágenes….he contemplado toda clase de fotografías, me interesan por sí mismas .Las de animales salvajes me atraen en especial…”.Fue capaz hasta de utilizar como referencia en algunos de sus cuadros, un manual sobre las posturas que debía adoptar el paciente cuando se le aplican rayos X.
En su estudio de Londres, una habitación con escasa ventilación e iluminada mediante luz eléctrica, las fotografías recortadas de diarios y periódicos ilustrados cubrían las paredes. En los rincones, en medio de un gran desorden, los libros y las revistas formaban enormes pilas. El artista necesitaba ese “caos privado” para crear sus célebres lienzos; necesitaba de ese caótico archivo visual para hacer volar su imaginación. Así fue como las imágenes en secuencia de Edward James Muybridge, un pionero (en pleno siglo XIX) de la fotografía del movimiento, también le sirvieron al pintor. Los volúmenes de Muybridge (“El hombre en movimiento” y “Animales en movimiento”) dieron origen a obras como “Dos figuras” y “De Muybridge: mujer que llena un jarro con agua y niño paralítico a gatas”.
Estando en Paris, Bacon compró un libro con imágenes sobre las enfermedades de la boca. A partir de ese momento le otorgó gran importancia a las bocas de sus personajes, pese a que siempre afirmó curiosamente que: la mayoría son negras porque nunca he conseguido que ninguna me saliera bien…”.El pintor supo reflejar en sus bocas ciertos aspectos de la crueldad del hombre; tal cual como lo hiciera siglos antes el Caravaggio. La mayoría de las bocas abiertas de sus cuadros parecen dejar escapar un silencioso grito de horror; son las protagonistas de la tragedia que el pintor traza sobre el lienzo crudo.
A comienzos de la década del ‘40 mientras otros artistas británicos como Graham. Sutherland o Henry Moore ya eran famosos, Francis Bacon, luchaba entre el fracaso y el éxito. Recién en abril de 1945 con sus “Tres estudios para figuras a los pies de una cruxificción” alcanzará la meta e iniciará el camino de la fama. En estas tres obras se explaya con claridad el horror baconiano. Un horror profundo y sentido que parece venir de las entrañas de su pintura…un horror que parece acometernos con filmes como “El silencio de los inocentes” o relatos como “Doble asesinato de la rue Morgue” de Poe u “Otra vuelta de tuerca” de Henry James. En su obra pictórica, Francis Bacon, refleja metafóricamente “el trato brutal que los hombres infligen a los otros hombres; el mal trato de los animales; las deformaciones congénitas de algunos humanos…”.
Duro crítico de su propio hacer, ello lo llevó a destruir la mayoría de sus producciones juveniles. Cuando se refería a sus “Tres estudios para figuras a los pies de una cruxificción” de 1945, expresaba: “comencé con esta obra...”…nos quería indicar que con ella había nacido el artista.

Publicado en El Periódico. La boutique del libro. Año 5 Nº 20. Abril 2001.
Remixado Jofre 2009.